Prostatectomía radical

En qué consiste
El cáncer de próstata se ha convertido en el cáncer más frecuente en hombres en los países occidentales. Aunque es un tumor de crecimiento lento, su diagnóstico precoz es fundamental para intentar conseguir una curación completa de la enfermedad, ya que fuera de esa etapa inicial, el único tratamiento posible es paliativo. La sospecha diagnóstica es mediante el examen digital de la próstata mediante un tacto rectal, complementado con la determinación en sangre del PSA (antígeno prostático específico). Ante cualquier alteración de estas pruebas, estará indicada una biopsia de la próstata.

En qué casos está indicada
Ante un diagnóstico de cáncer de próstata después de una biopsia, se debe descartar que la enfermedad no se ha expandido fuera de la próstata, es decir que no invade los tejidos próximos, los ganglios linfáticos u otros órganos a distancia (metástasis). Si se confirma que la enfermedad está confinada dentro de la próstata, como suele suceder en la mayoría de casos de diagnóstico precoz, se debe proceder a realizar un tratamiento radical del tumor. Según las actuales recomendaciones disponibles en las guías clínicas, en la mayoría de casos de cáncer de próstata en estadio inicial y en hombres con una expectativa de vida mayor a 10 años, se recomienda realizar prostatectomía radical, para conseguir la extirpación completa de la próstata.

Cuáles son los resultados
En manos expertas, esta técnica consigue unos resultados curativos, así como funcionales (conservación de continencia urinaria y potencia sexual) excelentes.

Cuáles son los cuidados postoperatorios
Después de la intervención, que suele realizarse mediante cirugía mínimamente invasiva (sea laparoscópica o cirugía robótica asistida por robot Da Vinci), el paciente es dado de alta  a las 24-48 horas con una sonda vesical que se retirará a los 7 días de la intervención.

Qué complicaciones pueden presentarse
Con las técnicas actuales, son muy poco frecuentes las complicaciones intraoperatorias, limitándose a sangrado y/o lesión de estructuras vecinas. Una vez retirada la sonda vesical, la mayoría de pacientes suele recuperar progresivamente la continencia urinaria, pero existe un pequeño porcentaje de casos en los que persiste una pérdida de orina residual. Esta situación requerirá el uso de una compresa hasta que se autolimite, pero si persiste en el tiempo y/o es importante, requerirá de la realización de una segunda intervención para resolverla. Incluso en aquellos pacientes donde la situación inicial del tumor permite una preservación de los nervios erectores, después de la intervención puede existir un grado variable de disfunción eréctil: desde los pacientes que presenten erección normal post-operatoria, hasta los que requieran de ayuda para conseguir obtener erección satisfactoria (pastillas, inyecciones, cámaras de vacío, prótesis de pene).

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Eventos

A lo largo de 2019 seguiran las sesiones para pacientes y sus familiares centradas en la Enfermedad REnal dentro de la VII edición de los Encuentros para pacientes renfrológicos.